Yo también tengo miedo, pero recuerda que Dios nos dice a cada uno «no temas»

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En los últimos días, el miedo se ha hecho cada vez más presente entre nosotros, ha invadido nuestros hogares, nuestras áreas de trabajo y sobre todo, nuestra alma. Es real, la situación que vivimos da miedo, es real la problemática, son reales nuestras dudas, son reales las pérdidas.

Es totalmente natural que sintamos miedo, yo también lo he sentido. Está en nuestra naturaleza humana, es una emoción básica e incluso nos ha ayudado a sobrevivir durante años. Nos lleva a actuar para prevenir y alejarnos del peligro.

Sin embargo, como muchas cosas en la vida es necesario un balance y que esta emoción tenga solamente la función de ayudarnos a prevenir más no de quitarnos la paz, de hacernos esclavos del temor y meternos en la prisión de vivir en la tormenta.

Hoy Jesús te habla a ti, créelo y escucha atentamente

Querido hijo, querida hija ¡No temas! ¿Qué consecuencias tiene el miedo en nuestra vida espiritual? Cuando el miedo es el que nos controla puede alejarnos de Dios debido a que nos ciega, nos impide confiar y nos vuelve esclavos.

El miedo no nos permite ver más allá de la tormenta. Hace que todos nuestros sentidos y nuestros pensamientos se centren únicamente en el problema, en la fuerza del viento, en los truenos. Recordemos cuando san Pedro empezó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús, pero al notar la fuerza del viento sintió miedo y empezó a hundirse.

Dejó de encontrarse con la mirada de Jesús y entonces se vio a sí mismo, miró su propia pequeñez. El miedo nos impide encontrarnos con los ojos de Jesús y al perder ese encuentro nos alejamos de su presencia.

El miedo nos impide confiar

Al mirar únicamente la tormenta empezamos a dudar. Dejamos de confiar en que podemos caminar sobre el agua de la mano de Jesús, dejamos de confiar en las maravillas que Dios puede hacer en nosotros, dejamos de confiar en la gloria del gran «Yo soy».

Dudamos de su misericordia, de su amor, de su bondad y su poder. Dudamos que nos acompaña en cada día de nuestras vidas y que Él es luz en la oscuridad. Cuando un hijo duda no es capaz de lanzarse a los brazos de su Padre, eso mismo nos pasa a nosotros, el miedo nos arrebata este privilegio de ser niños ante Dios, de lanzarnos al amor, donde descansa nuestra alma en paz y alegría.

El miedo nos hace esclavos ¿de qué? de la angustia, de la desconfianza, de la negatividad, de la ansiedad, del vacío, de la soledad… El miedo se adueña de nuestra libertad, y nos hace resistirnos a que Jesús obre maravillas.

«No temas María»

En la anunciación, el Ángel en nombre de Dios pronuncia esta hermosa frase: «No temas María». Imagino que estas palabras calmaron de inmediato a la Madre del Señor, la prepararon para escuchar la gran misión que Dios tenía para Ella.

Esas palabras le dieron libertad. No estaba sujeta al miedo, a la angustia ni a las preocupaciones, su alma reposaba en la paz de Dios, en su plan divino. Las palabras del Ángel Gabriel prepararon su alma para proclamar su gran fiat, para ser testigo de las maravillas que Dios quería hacer en Ella.

Pues bien, el miedo nos impide ver estas maravillas. Nos limita a tal nivel que no nos deja participar de la gloria de Dios, ata nuestras alas y no nos permite volar en el soplo de vida del Espíritu Santo. El miedo nos impide caminar y disfrutar de la amistad de Aquel que nos ama.

Incluso nos impide ser conscientes del amor de Dios, el regalo de sabernos amados por Él. Dios que con amor nos ha creado, conoce muy bien nuestra tendencia a sentir miedo y en su Palabra resuena sin cesar: «No temas», para que el temor no nos ciegue, no nos quite la confianza, no nos haga esclavos y sobre todo, no nos aleje de Él.

Cuando sientas miedo, recuerda estas palabras

Hoy podemos escuchar su voz para que nuestra alma se llene de paz al escuchar «No temas». Te recomiendo leer la encíclica «Spe Salvi» que habla sobre fe y esperanza y meditar en estas citas bíblicas que pueden reconfortarte y ayudarte a combatir espiritualmente el miedo:

1. «Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!» (Romanos 8,15).

¡Clamemos, no dejemos de clamar! Aún con cansancio e inseguridades, aún si no nos queda mucha voz, clamemos con firmeza ¡Padre! Y nuestro Padre que nos ama estará con nosotros, en sus brazos nos sentiremos seguros.

2. «Ven», le dijo Jesús. Y descendiendo Pedro de la barca, caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús. Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó: «¡Señor, sálvame!». Al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mateo 14, 29-31).

Cuando sintamos miedo, cuando empecemos a hundirnos en nuestras preocupaciones y angustias, que nuestra alma grite ¡Sálvame, Señor! Y confiemos como niños que Jesús tomará nuestra mano al momento, salvándonos de nuestra angustia y cualquier tormenta.

3. «¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas». (Josúe 1,9)

4. «Depositen en Él toda ansiedad, porque Él cuida de ustedes» (1 Pedro 5,7).

5. «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4, 6-7).

6. «¡Pero no hay razón para que me inquiete! ¡No hay razón para que me preocupe! ¡Pondré mi confianza en Dios mi salvador! ¡Solo a Él alabaré!» (Salmos 42,5).

Todo sentimiento que nos robe la paz, depositémoslo en Dios nuestro Padre para que Él ilumine cada pensamiento, cada angustia y temor y lo transforme con su gloria.

¿Quién es nuestro Dios? Aquel que se levanta en majestad, creador del cielo y de la Tierra, es cordero de la nueva Alianza y con su presencia calma la tempestad, su voz resuena en todo lugar, nuestro Dios es amor, salud, sabiduría, bondad, plenitud.

Y este es el Dios que te dice a ti y a mí «Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha. Yo soy quien te dice: «No temas, yo te ayudaré» (Isaías 41,13). ¿Acaso no arde nuestro corazón con estas palabras? Si hoy tienes miedo, confía en que su amor ahuyenta el temor, nos fortalece y nos regala su paz.

Tomado de: https://catholic-link.com/miedo-dios-dice/ a la fecha de: 24/05/2020

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