Por qué no hay sacerdotisas católicas (ni las habrá)

Jun 4, 2018 Iglesia y Tradicion

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe explica que la Iglesia no puede modificar el sacramento del orden

En relación con algunas dudas y discusiones que existen en algunos países sobre el sacerdocio femenino o de la mujer, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el jesuita español nombrado cardenal por el papa Francisco, Luis Ladaria, ha salido al paso y ha publicado un artículo en el diario L’Osservatore Romano.

En este artículo se reafirma con la doctrina de siempre de la Iglesia y la de los últimos tres papas, los cuales han declarado que la ordenación sacramental del sacerdocio corresponde únicamente a los hombres.

Y es más, los tres papas han dicho que esto forma parte del depósito de la fe, de la esencia del sacramento del Orden, y porque lo quiso así Jesucristo.

Por lo tanto, este tema está cerrado.

El papa san Juan Pablo II lo explicitó públicamente, no solo en la Carta Pastoral Ordinatio Sacerdotalis de 1994, sino que ante las dudas presentadas, posteriormente intervino la Congregación para la doctrina de la Fe diciendo que forma parte del depósito de la fe, y por lo tanto la Iglesia no lo puede cambiar porque es el deseo del mismo Jesucristo que quiso dispensar el sacerdocio solo a los hombres.

La persona más excelsa de la Iglesia, dice Ladaria, es María Santísima y no la ordenó al sacerdocio, como tampoco a las otras santas mujeres que le seguían.

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El tema del sacerdocio es de gran importancia porque implica la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud del ministerio de confirmar a los hermanos (cfr. Lc, 22, 32), dice la carta Ordinatio Sacerdotalis.

Por lo tanto, la Iglesia “no tiene capacidad para cambiar la substancia del sacramento” y al Papa le es dada la potestad de “confirmar en la fe a los hermanos”, pero no cambiar el depósito de la fe, dice Ladaria.

“No se trata solo de un elemento disciplinar, sino doctrinal, por cuanto forma parte la estructura de los sacramentos, que son los lugares de origen del encuentro de los cristianos con Cristo y de la transmisión de la fe”, explica.

Por lo tanto, insiste, no se trata de una limitación que impide a la Iglesia ser más eficaz en el mundo moderno, sino algo en que la Iglesia no puede intervenir, como la ordenación de los presbíteros.

La Iglesia desde el principio siempre ha considerado que la ordenación sacerdotal corresponde a los hombres, que actúan “en la persona de Cristo, esposo de la Iglesia, y su ser hombre es un elemento
indispensable para esta representación sacramental”.

El papa Benedicto XVI reafirmó esta doctrina y también el papa Francisco, quien en la exhortación apostólica Evangelii gaudium ha dicho que no puede discutirse que “el sacerdocio está reservado a los hombres, como signo de Cristo esposo que está en la Eucaristía” e invitó a no interpretar esta doctrina (n. 104).

Además, en el viaje de vuelta de Suecia, al ser preguntado sobre el tema del sacerdocio, el Papa dijo: “sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia católica, la última palabra clara la dijo el papa san Juan Pablo II”.

Algunos defienden el sacerdocio femenino, dice el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y futuro cardenal Ladaria, porque afirman que el Papa no lo ha dicho ex–cátedra.

No se trata de definir ningún dogma sobre algo que está en la base de la constitución de la Iglesia. El magisterio ordinario, seguido además por la Iglesia desde los primeros tiempos, tiene una infalibilidad vinculante.

Es más, Juan Pablo II antes de pronunciarse en el modo como lo hizo, consultó a todos los presidentes de las conferencias episcopales del mundo interesadas en el tema, y “todos, sin excepción, se declararon, con plena convicción, a favor de la obediencia que la Iglesia debe al Señor, que ella no posee la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal”, asegura el prefecto Ladaria.

El papa Francisco ha dicho que el sacerdocio, como los obispos y el mismo Papa, son un ministerio “para servir”, deben estar al servicio del pueblo, y no están para mandar, sino para custodiar la fe y mantener la unidad entre todos los fieles.

O sea que no se trata de dar un papel o paridad entre la mujer y el hombre. Ambos deben servir a la comunidad, cada uno con los dones que Dios les ha dado.

Y si no recibe el orden sacerdotal, que es para servir a los fieles, la mujer no es menos importante, sino que tiene otros dones.

Termina el prefecto de la Doctrina de la Fe glosando las palabras de Jesús: “Si observáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn, 15, 10).

Solo la fidelidad a sus palabras, que no pasarán, asegura nuestro enraizamiento con Cristo y en su amor. Solo acogiendo su sabia doctrina, la cual toma cuerpo en los sacramentos, se rejuvenecen las raíces de la Iglesia, para que pueda llevar frutos de vida eterna”.

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