Los dos burritos

Feb 21, 2020 Cuentos cortos
Érase una vez una madre – así comienza esta historia encontrada en un viejo libro de vida de monjes, y escrita en los primeros siglos de la Iglesia -. Érase una vez una madre – digo – que estaba muy
apesadumbrada, porque sus
dos
hijos se habían desviado del camino en
que
ella los había educado. Mal aconsejados por sus maestros de retórica, habían abandonado la fe católica adhiriéndose a la herejía, y además se estaban entregando a un vida licenciosa desbarrancándose cada día más por la pendiente del
vicio. Y bien. Esta madre fue un día a desahogar su congoja con un santo eremita que vivía en el desierto de la Tebaida. Era este un santo monje, de los de antes, que se había ido al desierto a fin de estar en la presencia de Dios purificando su corazón con el ayuno y la oración. A él acudían cuantos se sentían atormentados por la vida o los
demonios
difíciles
de expulsar. Fue así que esta
madre de nuestra historia
se encontró con
el santo monje en
su ermita, y le abrió el corazón contándole toda su congoja. Su esposo había muerto
cuando sus hijos eran aún pequeños, y ella había tenido que dedicar toda la vida a su cuidado.
Había puesto todo su
empeño en recordarles permanentemente la figura del
padre
ausente, a fin de que los pequeños tuvieran una imagen que imitar y una motivación para seguir
su ejemplo. Pero , hete aquí, que ahora, ya adolescentes, se habían dejado
influir por las doctrinas de
maestros que no seguían el buen camino y enseñaban a no
seguirlo. Y ella sentía que todo el
esfuerzo de su vida se estaba inutilizando. ¿Qué hacer?
Retirar
 a  sus  hijos de
 la  escuela, era  exponerlos 
a que suspendidos  sus  estudios, terminaran
por
sumergirse aún más en los
vicios por dedicarse al ocio y
vagancia del
teatro al circo. Lo peor de la situación era que ella misma ya no sabía qué
actitud tomar respecto a
sus  convicciones
 religiosas  y  personales.  Porque  si  éstas  no
 habían  servido
 para
mantener a
sus propios hijos en
la buena senda, quizá fueran indicio de que estaba equivocada también
ella. En fin,
al dolor se sumaba la dura
y el
desconcierto no sabiendo
qué
sentido podría
tener
ya el continuar siendo fiel al
recuerdo de
su esposo difunto. Todo esto y muchas otras cosas contó la mujer al santo eremita, que la escuchó en silencio y con cariño. Cuando terminó su exposición,
el monje continuó en silencio
mirándola. Finalmente se levantó de su asiento y la invitó a que juntos
se acercaran a la ventana. Daba esta hacia la falda de la colina donde solamente se veía un arbusto, y atada
a su
tronco una burra
con sus dos burritos
mellizos. -¿Qué ves? – le preguntó
a la mujer quien respondió: -Veo una burra atada al tronco del arbusto y a sus dos burritos que retozan a su alrededor sueltos. A veces vienen y
maman un poquito, y luego se alejan corriendo por detrás de la
colina donde parecen perderse, para aparecer enseguida cerca de su
burra
madre. Y
esto lo han venido haciendo desde que llegué aquí. Los miraba sin ver mientras
te hablaba. -Has visto bien – le respondió el ermitaño-. Aprende de la burra. Ella permanece atada
y tranquila. Deja que sus burritos
retocen y se vayan. Pero su
presencia allí es un
continuo punto de referencia para ellos,
que
permanentemente retornan a su lado.
Si ella se desatara para querer seguirlos, probablemente se perderían los tres en el desierto. Tu fidelidad es el mejor método para que tus hijos puedan reencontrar el buen camino
cuando se den cuenta de que están extraviados.

Sé fiel y conservarás tu paz, aun en la soledad y el dolor. Diciendo esto la bendijo, y la mujer retornó a su casa con la paz en su corazón adolorido.

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento Los dos burritos, de Mamerto Menapace.

Lectura

Realizar la lectura del cuento en
grupo. Es importante que todos los presentes
tengan una copia del texto. Se pueden
ir
turnando dos
o tres personas para leer el
cuento en voz
alta. Rumiando
el
relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral

(se lo vuelve a contar).

¿Qué sucede en el relato?

¿Cuál era la
preocupación de
esta
madre, protagonista del relato? ¿A quién acude
a pedir
consejo? ¿Cómo son las
actitudes del monje
hacia
ella?

¿Qué le hace ver el monje para ayudarla en su problema?

¿Cuál es su consejo?

Descubriendo el mensaje

El cuento nos habla de la libertad
y de la relación con los demás. Se puede
trabajar desde
varias interpretaciones, te
proponemos dos miradas. Mirando desde la
perspectiva
de la madre…

¿Qué situación le preocupaba?

¿Has experimentado una situación semejante con
algún ser querido? El consejo del monje
es
permanecer fiel a sus convicciones,
¿es fácil esto? ¿cómo
lograrlo? ¿cómo seguir
siendo fiel al proyecto que Dios
nos
muestra? ¿cómo ser apoyo,
punto de
referencia, “refugio” para los demás? Mirando desde la
perspectiva
del monje…
¿Te han consultado
alguna vez
sobre una situación semejante? Observa las
actitudes del monje,

escucha

medita (hace silencio interior)

mira a la mujer (se
compenetra en su problema) la aconseja con palabras sencillas (una comparación… lenguaje
que parte de la vida y al alcance
de todos, como
Jesús)

Comparalas con tu vida, ¿qué aprendes?

Compromiso
para la vida
Sintetizar en una frase
el
mensaje del cuento
para nuestra vida. Para terminar:
la oración en común
Leer entre todos
la
oración y luego
poner en común las
intenciones
de cada uno. Terminar con una canción. Ser fiel, para servir
a los demás Padre Bueno,
ayúdanos
a ser fiel. Nos has llamado y nos
has
mostrado un camino. Para cada uno
tienes
una
misión (o
muchas… a lo largo de
la
vida) Ayúdanos a ser
fuertes,
perseverantes,

fieles…

para ser apoyo,
descanso, manantial de
agua
fresca, para todos los que
nos
rodean.

– Que así sea

Rosario-JoseCastro-ACIPrensa-16102019

Ingresa a nuestra capilla virtual y deja tus intenciones.

Click Aquí

Oratorio Online

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *