Depresión, frustración, vacío, soledad… ¿y cuál es la cura para todo esto?

Victor Frankl, el fundador de la corriente psicológica llamada «logoterapia», perteneciente a la tercera escuela de pensamiento vienesa, dice que cada época tiene una enfermedad característica. Allá por la década de los 40s, decía él, que la depresión sería la enfermedad cada vez más presente en la cultura actual. Y no se equivocó. Más de 60 años después, los números que se manejan sobre esta enfermedad psicológica son cada vez más preocupantes.

¿Qué dicen las estadísticas?

Veamos algunas estadísticas para poder medir las dimensiones del problema. En México se calcula que por lo menos cuatro millones de personas padecen algún tipo de depresión. Según la OMS, en el 2002 era la cuarta enfermedad más presente en el mundo. Desde el 2018 es considerada la segunda.

Un millón de personas cometen suicidio, principalmente a causa de la depresión, y más de 20 millones lo han intentado. Por lo que se deduce que cada 40 segundos alguien se suicida. En el decenio de 2005 al 2015, hubo un incremento de 18% de casos a nivel mundial.

Además, en los últimos 45 años, el aumento fue del 60%. Se estima que ya existen diagnosticados más de 300 millones en todo el mundo. Es la primera causa de muerte entre los 15 y 44 años en ambos sexos. En un tercio de los países es la causa de mayor riesgo de muerte en la población joven, y junto con elementos tóxicos es causa de 90% de los suicidios. En Estados Unidos mueren más personas por suicidio, que por homicidio.

1. La enfermedad del sin sentido de la vida

Las personas que tienen una depresión noógena, (muy distinta a una tristeza o desánimo) son aquellas que viven una profunda frustración existencial, puesto que no encuentran el sentido o propósito de sus vidas. Por lo tanto, no logran satisfacer el vacío que experimentan en su interior.

Este vacío es algo normal en todos nosotros. Sin embargo, si permanece por mucho tiempo sin una respuesta o satisfacción adecuada, entonces se convierte en una neurosis —patología— que origina precisamente, esa depresión. Que no es hereditaria o genética, tampoco psicológica —fruto de algún trauma o pérdida grave— sino un sufrimiento innecesario, que puede ser trabajado con un poco de psicoterapia. Buscando que el individuo se haga preguntas fundamentales sobre su manera de vivir, y descubra en qué aspectos de su vida encuentra sentido a toda su existencia.

2. ¿Cómo descubrir ese sentido de la vida?

Es muy interesante la propuesta de Frankl, pues responde acertadamente a lo que muchos estudios de las neurociencias y otra corriente psicológica (la psicología positiva) vienen descubriendo. Es fundamental que la persona encuentre significado a las cosas que hace: su trabajo, el aporte que brinda en su familia, los tiempos de ocio que puede tener.

Vivir valores fundamentales, que nos remiten a la creación y experiencia de vida, en el contacto con la creación, y por supuesto, con las demás personas. Las actitudes que uno tiene ante dificultades como el sufrimiento o la muerte. Finalmente, de qué modo uno busca la trascendencia para vivir experiencias que vayan más allá de uno mismo.

No podemos estar encerrados, dando vueltas sobre nosotros mismos. Las relaciones de amistad son fundamentales para la felicidad. El descubrirse parte de un proyecto que nos sobrepasa, pero nos remite a esa sensación de pertenecer a algo que brinda un sentido a muchas más personas. Nos confiere una experiencia de utilidad y plenitud a la vida.

Todo esto nos ayuda a que respondamos una pregunta fundamental: ¿Por qué existo yo? ¡Ojo! No he dicho solamente ¿por qué existo? Sino ¿yo? Puede parecer algo raro decir esto. Pero es algo clave, pues cada uno de nosotros es único e irrepetible en toda la historia de la humanidad.

Nunca existió, no existe, y tampoco existirá alguien como yo. Por lo tanto, es evidente que existo por alguna razón muy concreta, que solo yo puedo descubrir. Si descubro esa razón, entonces descubro el sentido de mi vida.

3. ¿Cuándo el vacío se vuelve crónico?

Como dijimos antes, el vacío no es el problema. El problema u origen de la patología es cuando no encontramos ningún sentido para la vida. Entonces, nuestra vida se vuelve un absurdo, y para no sentir esa enfermedad que nos corroe interiormente, empezamos con la agresividad, una profunda apatía, aburrimiento, adicciones, e incluso llegamos a contemplar la idea del suicidio.

Ese aburrimiento es el síntoma más característico del vacío crónico. Es una evidencia de que no sabemos qué hacer con la vida. Esa es una de las causas principales de dicha enfermedad. Actualmente, es lo que más trabajo da a los médicos, psiquiatras, psicoterapeutas y neurólogos, pues es causa de enfermedad psíquica de primer orden. Muchos suicidios —como veíamos en las estadísticas mostradas— son originados por ese aburrimiento.

4. ¿De qué aburrimiento estamos hablando?

Parece raro hablar de aburrimiento en este mundo que tiene tantas posibilidades de diversión, placeres, viajes, etc. Hay tantas posibilidades para disfrutar unas buenas vacaciones, pasar un buen rato en familia… pero en realidad, el hombre moderno va del estrés de una vida acelerada por la ansiedad del trabajo, al aburrimiento del tiempo libre: «neurosis del domingo».

Nos enfrentamos a ese vacío de una vida sin sentido, que aparece sin ningún «tapujo» cuando estoy sin hacer nada. El ritmo acelerado —del que muchas veces reclamamos— en  realidad es el vano intento de auto curación o evasión de la frustración existencial. Luego, viene el fin de semana, que «llenamos» con deportes extremos, o los «festejos exagerados», que sabemos todos, no se caracterizan por una moral correcta.

Cuanto menos conocemos la meta de nuestras vidas, más nos aceleramos.Increíblemente —pero comprensible por lo que venimos explicando— los países que tienen todas las necesidades básicas «protegidas», son los que mayor índice de suicidios tienen. Justamente, pues son personas que creyendo que ya lo tienen todo, aún así no perciben o no son capaces —evidentemente, no todos— de descubrir ese sentido por el que vale la pena vivir.

5. ¿Cuál es la cura?

Lo interesante es que para todo esto, la vida cristiana es el mejor antídoto. Lo que da sentido a nuestras vidas y nos ayuda a descubrir la razón de nuestra existencia, es la actitud de salir de nosotros mismos y amar a los demás.

Con la radicalidad que nos enseñó Jesucristo. Lo pongo de esta manera, pues ayudar, ser amigos y preocuparse por los demás, es algo que todos normalmente hacemos. Pero lo que Cristo nos ofrece viene a ser algo mucho más pleno, una aventura más exigente que llena ese vacío en nuestro interior, de modo más intenso.

Servir, sacrificarse y ayudar en lo que podamos a las personas que viven con nosotros. A la familia y por supuesto, a nuestros amigos, así como Cristo lavó los pies de los apóstoles en la última Cena. Pero también aquellos «samaritanos» que se presentan a lo largo del camino de nuestras vidas.

No solamente eso. El sentirnos amados y queridos por los demás, es algo que nada puede remplazar. El saberse útil, importante y significativo para otras personas, llena ese vacío que llevamos en el interior. El amor hace que las cosas más bellas salgan de nuestro interior.

Nos ayuda a que seamos más nosotros mismos y abandonemos todas las actitudes que desdicen de nuestro yo auténtico. Sin el amor, el vació de la depresión noógena hace que marchite lo mejor de nosotros. Así que… ¡Ánimo! No nos dejemos vencer por la desesperanza que nos trae la depresión, y arriesguémonos por una vida llena de vitalidad y sentido, que se realiza por medio del amor, teniendo presente que el amor es Dios.

Tomado de: https://catholic-link.com/depresion-cura/ a la fecha de: 29/10/2019

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